En el día más largo del año, un sol adulto proclama su victoria sobre la oscuridad y las tinieblas. La Noche de San Juan es una fiesta mágica que se celebra desde hace miles de años, desde los albores de esta humanidad. Cuando el mediterraneo era un inmenso matriarcado, las mujeres buscaban quedarse preñadas esa noche para que los niños vinieran al mundo en la primavera, en el inicio de la abundancia, en el mes de marzo. La fiesta, con tintes báquicos, se prolongaba hasta el día siguiente.
En el fuego se consume todo aquello que queremos dejar atrás en nuestra vida o aquellas cosas que ya hemos superado. No todo tiene porque ser malo. Por eso las hogueras; intensificar la fuerza purificadora del fuego en el pasado, en el presente, nos prepara para lo que ha de venir.
Primero se entierran ajos a los pies de la hoguera para convocar a las brujas que posibilitan que pasen cosas, que nuestra vida cambie. Enterrar un ajo y pedir un deseo. Dicen, que el deseo debe estar exento de egoismo. No debemos pedir para nosotros sino para los demás.
Llegada la noche se encienden las hogueras y enseguida comienzan los saltos. Pero antes, cada saltador, experimenta una lucha consigo mismo: la duda, el miedo, son los enemigos a vencer, como en casi todas las cosas que nos propone la vida. Luego el convencimiento, la fe, el impulso que inicia la carrera a lo desconocido. No puedes parar, detenerte significa muerte. En un instante eres uno con el fuego, lo sientes, te traspasa, te rodea. Una décima después sales del abrazo y un ser nuevo acaba de nacer.
En muchas de nuestras canciones infantiles se ha conservado la antigüa sabiduria, la que no muere. El rito termina con el baile, con los corros, donde cogidos de la mano, se canta:
A pasar el trébole,
el trébole, el trébole,
a pasar el trébole
la noche de San Juan.
A pasar el trébole (bis)
A pasar el trébole,
el trébole, el trébole,
a pasar el trébole
los mis amores van.
FELIZ SAN JUAN 2010




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